Hugo Tomei, abogado defensor de los ocho sujetos acusados de masacrar a golpes a Fernando Báez Sosa, dio sus alegatos en el final del juicio y afirmó «voy a pedir la absolución porque el hecho no está probado”.
Tomei consideró que los acusadores no demostraron el dolo. “El perito no pudo determinar cuál de los golpes causó la muerte”, dice. Y luego pasa a la figura del rugbier que tomó mayor protagonismo durante el proceso.
“Se habló mucho de Máximo Thomsen como el líder, el monstruo. Esa pisada, que él reconoce, no lastimó la boca, la encía, las piezas dentales o los labios. Sin dolo no hay caso”.
También dijo que “a falta de pruebas, dicen que en los siete minutos que salen del boliche, ahí acordaron el plan: falso o inverosímil o poco consistente. Nunca hubo un plan para matar. Aunque no se le crea a Máximo Thomsen, ¿Cómo se le va a creer a Máximo Thomsen? ¿Cómo le vamos a creer si es un asesino, un salvaje?”, pregunta con ironía.
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“Son inocentes hasta que una sentencia diga lo contrario”. Luego, Tomei hizo referencia al homicidio en riña y señala que, si se implementa esa figura penal, “ya estarían en libertad. Es el adecuado cuadro contexto en el que una sentencia debe ser dictada”, señala.
El abogado de los rugbiers ahonda en la misma idea: “La patada en la cabeza subyace de algo espontáneo. Con un ladrillo o un arma no hay duda de que hay intención de matar. Cuando hay una pelea previa deja de ser alevoso porque hay un contexto en que se pueden tomar “armas” en el asunto”.
“Si tomamos como dato el golpe de Báez Sosa a Thomsen él ya sabe que puede terminar en otro problema. Sobre todo si cuando lo agarran del cuello parece que se está quedando sin aire”, agrega
“Estos pibes no tuvieron dimensión de lo que había pasado”, asegura.



