Los líderes de las veinte principales economías industrializadas y en desarrollo se reunirán hoy y mañana en Bali en un complicado tiempo global, con los niveles de inflación más altos de las últimas décadas y una ralentización del crecimiento más aguda de la esperada.
El alto costo de vida, la crisis de deuda, el impacto en el precio de los alimentos y la energía debido a la guerra de Ucrania y los efectos de la pandemia de Covid-19, con China la segunda economía del globo- aún cerrada al mundo y perdiendo ímpetu en consecuencia, determinarán las conversaciones del grupo.
Formado por Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, EE.UU., Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Rusia, Reino Unido, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea, sus líderes (con la ausencia del ruso, Vladímir Putin, el presidente saliente brasileño, Jair Bolsonaro, y el mexicano, Andrés López Obrador) se reúnen con un oscuro telón económico de fondo. España tiene estatus de invitado permanente en el G20, y a la reunión asistirá el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.
Según la última previsión del FMI, el crecimiento global disminuirá hasta un 3,2% en 2022, del 6% registrado en 2021, para caer aún más en 2023, cuando prevé que baje al 2,7%. Es una panorámica no vista desde 2001, con la excepción de la crisis de 2008 y la parte más aguda de la pandemia. Un pronóstico encapotado que propiciará que los dirigentes del selecto club de economías discutan sobre algunos de los siguientes temas, entre otros.
La inflación global, que el FMI espera que suba al 8,8% en 2022, frente al 4,7% registrado en 2021 (para luego bajar al 6,5% en 2023), es el asunto que más preocupa al menos a un tercio de los países del G20, según una encuesta de este mes del Centro para la Nueva Economía y Sociedad del Foro Económico Mundial. Ponerle coto es una de las prioridades del grupo, según la encuesta, que muestra que las preocupaciones medioambientales han quedado relegadas por primera vez en años debido a la consideración de que hay que resolver problemas más acuciantes, como el alto costo de vida.
Herencia del G20 de 2021 en Roma, se estima que la reestructuración de la deuda sea otro de los asuntos en debate y que “Indonesia empuje a algún tipo de solución, pese a que China no quiere”, dice a EFE Alicía García-Herrero, economista jefe para Asia Pacífico de Natixis. En concreto, se podrían buscar fórmulas como la Iniciativa Suspensión del Servicio de la Deuda, un programa creado por el Banco Mundial y el FMI con apoyo del G20 establecido en mayo de 2020, en plena pandemia, para ayudar a los países más vulnerables, concluyendo en diciembre de 2021. Los socios latinoamericanos del G20 (Argentina, México y Brasil), en particular, están interesados en que se creen las condiciones que permitan reestructurar su deuda a largo plazo.
Los analistas estiman que también cabe esperar que se busque algún tipo de cooperación en el ámbito de los tipos de cambio, por un dólar excesivamente fuerte, un tema, que ya se discutió en el G20 de 2020 y que quizás podría retomarse ahora. La fortaleza de esa divisa, que ha llegado a su nivel más alto en veinte años frente a algunas de las monedas más fuertes, apoyado por el rápido aumento de las tasas de interés por parte de la Fed, ha encarecido las importaciones de bienes y servicios de EE.UU. y la deuda emitida en dólares de los países, sobre todo los emergentes.
El tope al precio del petróleo ruso también será otro asunto en discusión, en especial por los altos valores de la energía a partir de la guerra en Ucrania, que ha deteriorado las condiciones de vida en muchas zonas del planeta, especialmente en Europa.
Clarin.-



