A esta situación se le sumó un problema que persiste: el acceso a la tarjeta SUBE, que en muchos puntos de venta no se consigue.
Aunque ha mejorado en comparación a lo que ocurrió durante el verano, siguen faltando tarjetas. Las autoridades lo vinculan con la dificultad para conseguir el material importado con el que se hacen sus chips. Además, no se vende en todas las estaciones de subte, y en algunos kioscos las cobran con sobreprecio.
Para peor, desde este lunes también hay que pagar más por la tarjeta SUBE, cuyo precio en los puntos de venta habilitados pasará de $ 90 a $126. En paralelo se actualizó el saldo negativo a $ 100,80, similar a cuatro boletos mínimos de colectivo.
«Tenía la misma tarjeta casi desde 2010, casi desde el lanzamiento del sistema. Pero de repente se desmagnetizó y no pude volver a usarla, así que padecí lo que durante mucho tiempo vi en los medios y en las redes sociales, la dificultad para comprar una nueva. Estuve usando la de mis hijos y mi mamá, hasta que leí en un tuit que estaban vendiendo en Constitución y me fui hasta la estación», contó a Clarín Noelía, una usuaria que vive en Caballito.
En julio, desde Emova, la empresa que gestiona el subte, publicaron un listado de estaciones en las que se vende la SUBE.
Desde el Ministerio de Transporte negaron que subsistan los problemas e informaron a Clarín que «la distribución de tarjetas está normalizada. Incluso se habilitó la venta online”. Se envían a domicilio, también se pueden retirar en centros de atención SUBE (son 56 en todo el AMBA) o en sucursales de correo.
Para mayor precisión sobre la distribución, este medio realizó un pedido de información pública: el Ministerio aclaró que la distribución de las tarjetas depende de las redes de venta. «Estos proveedores forman parte del ecosistema SUBE. Realizan la distribución de las tarjetas en sus puntos de venta a fin de que las personas usuarias puedan adquirirlas, manteniendo un stock para sostener la operatoria y satisfacer la demanda. Ante la problemática presentada (como consecuencia del incremento del uso del transporte público por la normalización de las actividades presenciales laborales y escolares), se trabajó con estas redes para que extremen los esfuerzos y pongan a disposición el stock de tarjetas».
En mayo, el Ministerio estimaba que había un millón de tarjetas sin distribuir. Por eso se había encargado un monitoreo específico sobre esta situación. «Todos los meses se realiza un control de activaciones de tarjetas. En caso de existir al menos una transacción económica, la tarjeta en cuestión se considera como “activada”. Si se detecta un stock de tarjetas sin activar se gestiona con la respectiva red de venta».
Algo que genera además un contratiempo entre los usuarios es el tema de la validación. Si bien se puede cargar la tarjeta online, es necesario validar ese monto de dinero que se haya cargado.
Clarin.-


