A mediados de mayo, un informe alarmante apareció para ratificar lo que gran parte de la sociedad asumía, pero que carecía de una comprobación rigurosa para aceptarlo como realidad. Se trató de un estudio realizado por Zutobi, una compañía estadounidense especializada en la educación vial que arrojó a la Argentina como el cuarto país más peligroso para conducir. Las estadísticas no se exhiben sin razón aparente; de lo contrario, se fundamentan de una base sólida: los accidentes viales y las infracciones al volante que tuvieron lugar durante el último tiempo.
En menos de un mes, se registraron una serie de siniestros e irregularidades en la vía pública que fueron motivo de debate para modificar, entre otras cosas, la cifra actualmente permitida como límite de alcohol en sangre frente al volante. El deseo está en bajar la graduación a cero. Sin llegar a una tragedia, también ocurrió la famosa transgresión que tomó relevancia y visibilidad en la zona norte del Conurbano cuando Luciano Castro compartió en sus redes sociales un video que reveló la inadecuada ubicación de sus hijos dentro de la camioneta mientras él manejaba y su actual pareja filmaba la situación.
La lista podría extenderse con muchos casos más difundidos a lo largo de los años y que reafirman la premisa que brindó la empresa norteamericana. Sin embargo, vale destacar que cada vez más municipios se atajan a las posibles problemáticas e intentan garantizar una mejor seguridad vial para los conductores y peatones. Vicente López es uno de los distritos pioneros en fomentar está iniciativa que trabaja en la colocación de reductores de velocidad.
Hace una década que las autoridades del municipio decidieron poner en marcha un plan estratégico que tiene como principal objetivo evitar posibles accidentes de tránsito. De esta manera, la intención estuvo y continúa estando puesta en implementar camas reductoras de velocidad que sobresalen del pavimento. Son de plástico, tienen tachas tolerantes al freno y reflectores que permiten iluminar las calles en la circulación nocturna.
«Desde que comenzó la iniciativa, hemos colocado 500 reductores y notamos que tienen una efectividad muy alta porque son los mismos residentes del distrito los que solicitan el mecanismo», explica el Secretario de Tránsito de Vicente López, Darío Antiñolo. En línea con lo expresado, el funcionario también destacó que los dispositivos, que obligan a aminorar la rapidez del vehículo, y por ende el riesgo de cometer un siniestro, se colocan en las intersecciones que suelen ser bastante transitadas. «Están puestos a siete u ocho metros de la esquina y se ubican en calles donde hay menor cantidad de cocheras para no interferir en las casas de la cuadra», explica en diálogo con Clarín. De esta manera, se buscar la conformidad del 80% de los vecinos para evitar futuros inconvenientes que les generen vibraciones en los hogares. «Se les hace firmar un documento que abarca la autorización de cada uno de ellos para tener su consentimiento y luego se ejecuta la ordenanza municipal para instalarlos».
Otras de las áreas que cuenta con los topes de velocidad es la colectora a la altura de Panamericana que, años atrás, invitaba a ser una zona admisible para correr carrera de autos y motos. «Era un tramo muy extenso, casi de 2.500 metros, donde teníamos conocimiento de estas situaciones. Por eso decidimos colocar los reductores para que no puedan sortear más
Las autoridades municipales destacan que el sistema “es eficaz y de bajo costo”.
Recientemente, la localidad de Florida Oeste sumó un dispositivo en la calle Libertad. «En todo lo que es acupuntura vial somos pioneros y notamos que tiene un gran efecto en la comunidad. Es un sistema que vino para quedarse porque tiene una performance de seguridad altísima y no requiere altos costos», sostiene Antiñolo. El secretario agregó: «Quienes determinan los porcentajes es la justicia, pero desde nuestro lugar gestionamos entre 15 o 20 controles de alcoholemia en el municipio».
Clarín.-



