Sólo el 16 % de los estudiantes de secundaria en Argentina, culminan sus estudios según un informe del Observatorio de Argentinos por la Educación que relevó la trayectoria de los alumnos que comenzaron primer grado en 2009 y los contrastó con la cantidad que efectivamente llegó al último año del secundario en 2020.
En la Argentina –en el lapso medido– , sólo el 53% alcanzó el último año de su educación a término, es decir, 12 años después. El resto se dividió en partes iguales entre los que la terminaron con sobreedad (demora por haber repetido uno o más años) y los que directamente abandonaron. La investigación identificó que en la transición entre la primaria y el nivel medio está el abismo en el que muchos alumnos caen y donde terminan por abandonar la educación.
El estudio midió el sistema educativo público y el privado. Se entrelazaron los datos del relevamiento anual que realizan las autoridades nacionales y los resultados de las pruebas Aprender 2019 para medir el estudiante ideal y aspiracional conforme a las leyes educativas vigentes, es decir, aquel que logra cursar regularmente y que además domina con buenos o muy buenos resultados lengua y matemática. Solo el 16% alcanzó la regularidad y dominó la palabra escrita y el pensamiento matemático, y los investigadores proyectan que el próximo año la cifra se reduzca aún más.
“El análisis muestra con claridad dos caras del sistema: no logra que todos los estudiantes terminen la educación obligatoria y no logra los aprendizajes suficientes. Es un sistema en crisis por el conflicto entre dos mandatos sociales: el tradicional, que entiende la escuela media como proceso de selección para la universidad –sin importar los que queden en el camino–, y el mandato actual, que pretende que todos tengan un nivel de formación que les permita desempeñarse en la vida. La realidad que evidencian los datos frustra a docentes, estudiantes y familias. No se trata de facilismo o rigorismo, sino de revisar qué y cómo enseñar”, explicó Sergio España, uno de los autores del informe.
Los especialistas identificaron un fenómeno de “desgranamiento” educativo que se dio entre el primero y el segundo año de la secundaria. Allí hubo un pico de más de 800.000 estudiantes inscriptos, pero a partir de ese momento decreció las matrícula cada año, a la vez que aumentaron las tasas de abandono y de sobreedad. “Los altos niveles de sobreedad en los primeros años de secundaria sugieren que muchos estudiantes terminan abandonando después de haber repetido al menos una vez. El 25% de los estudiantes del último año de secundaria tienen sobreedad”, describió el informe.
Efecto expulsivo
Irene Kit, también autora del informe, explicó a que la la nacion sobreedad produce un “efecto expulsivo” del sistema educativo, ya que en aquellos que han repetido entre una y hasta tres veces de año se generan un malestar y una frustración que hacen que les sea muy difícil sostener su educación. “Lo que estamos viendo es que lo que le hemos ofrecido educativamente no se ajusta a las necesidades del alumno. Hay un nudo en la transición primaria y secundaria que se evidencia con el incremento en la sobreedad de los primeros años de secundaria y la caída precipitada inmediatamente después. Esa transición para algunos estudiantes es hoy un precipicio en el que muchos caen. No estamos logrando tener un ciclo básico de secundaria que ayude al estudiante a lidiar con varias materias a la vez. Llegan a la secundaria con un rechazo muy marcado a la matemática”, dijo.
El flujo promedio de estudiantes que ingresan por año al sistema educativo es de 700.000. Entre las que jurisdicciones que tuvieron la mayor cantidad de alumnos que terminan sus estudios en el tiempo esperado se encontraron: Tierra del Fuego (71%), ciudad de Buenos Aires (66%) y La Rioja (61%). Los peores resultados se ubicaron en las provincias de San Juan (38%), Corrientes (38%) y Misiones (39%).
“La referencia para analizar la información fue el mandato legal y social de una educación secundaria terminada en tiempo oportuno y con aprendizajes significativos. En diálogo entre pedagogos y economistas, interrogamos los datos disponibles para sintetizar para cuántos estudiantes se está logrando ese mandato. Sin ingenuidades: sabemos que el impacto de la pobreza afecta muchas dimensiones de la vida de niños, niñas y adolescentes. Pero también con esperanza, confiando en que desde el sistema educativo aún tenemos mucho para dar en la calidad y la pertinencia de nuestras propuestas pedagógicas”, afirmó Kit.
Por otro lado, aquel 16% que representa el “estudiante ideal”, que finalizó a término y con dominio satisfactorio o avanzado de lengua y matemática, se registró de la siguiente manera: en la ciudad (33%), Córdoba (24%) y Tierra del Fuego (21%). Hay varias provincias donde menos del 10% de los estudiantes llegaron al último año de secundaria con la edad y los conocimientos esperados. Fue el caso de San Juan (8%), Catamarca (7%), Corrientes (7%), Misiones (6%), Chaco (5%), Formosa (5%) y Santiago del Estero (5%).
Para futuras mediciones los especialistas del informe proyectan que los resultados serán peores porque comprenderán los años del impacto de la educación remota como consecuencia de la pandemia. “Es probable que en la cohorte que terminó en 2021 y la que termine en 2022, ese 53% de los que finalizan a tiempo se mantenga igual, pero que se achique el porcentaje del 16% que representa a los que lo hacen en el lapso esperado y que además dominan lengua y matemática”, dijo Kit.
Para la especialista, lo que se tiene que modificar para revertir estas cifras es la construcción de una identidad de un ciclo básico de secundaria. Y agregó: “Tiene que construirse de la manera que reciba al adolescente y lo ayude a desarrollar sus capacidades, su forma de pensar, su organización, el trabajo en grupo. Es necesario que esto se integre con el ciclo orientado de la secundaria que ayude a los estudiantes en su orientación vocacional y la construcción de su proyecto de vida”.
La Nación.-


