Salieron desde Trujillo en los andes venezolanos hasta Argentina, a donde arribaron 16 días después debido a las vicisitudes que les tocó pasar: inundaciones, frío, calor y hambre. Mucha preocupación y miedo por el desborde de un río en Perú, «se nos venían encima con el agua culebras, serpientes y tuvieron que rescatarnos en helicóptero”, narró Divaio, un joven de 20 años de edad que realizó esta hazaña junto a su padre Tadeo Rondón, de 51 años de edad.
Esta experiencia la vivieron hace años cuando decidieron salir de su tierra natal, hoy día viven en Neuquén en la patagónia de Argentina, donde siembran frutos secos.
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“Pasamos de todo, varios días sin contacto con nuestra gente y para colmo nos separamos en Ecuador del grupo con el que partimos originalmente. Pero aquí estamos, agradecidos a Argentina y sumamente orgullosos por lo logrado”, admite el hombre -quien es es abogado de profesión- mientras selecciona frutos secos antes de enviarlos a la máquina peladora.

Tadeo, Luzmila y Divaio en una mañana de trabajo en la chacra donde producen frutos secos para Nogallia
Tarea que comparte felizmente junto a su compañero de aquella apremiante aventura, su pareja Luzmila Lara (46) y su hija Thaily (24), además de las otras empleadas del establecimiento cipoleño Nogallia. Ellas junto a la pequeña Sharlot (8) vinieron luego en avión para “no vivir la misma pesadilla”.
“Recién allí de la aviación peruana les prestaron un celular para que se contactaran con nosotras. Cuando mi hijo me escribió ‘Mamá, bendiciones, estamos bien, por Perú’, nos volvió el alma al cuerpo. Ahí se tomaron un autobús hasta Neuquén”, revela la docente de profesión, al remontarse una vez más a la odisea que atravesaron su marido y su hijo para abrirse camino y cambiar el rumbo familiar.

Tadeo y Divaio, al despedirse de Luzmila, Thaily y Sharlot, recién nacida, para venirse a la Argentina
“Estamos sumamente agradecidos a este país. Fijáte que recién conociendo a mi cuñada, unas personas de Neuquén con las que trabajaba le dijeron ‘no se preocupen que los vamos a ayudar, que su cuñada me mande los pasaportes, le sacamos los pasajes y me los pagan luego en cuota”, reconoce Luzmila la inesperada ayuda en el inicio del enorme desafío que asumieron al dejar su tierra donde las condiciones eran adversas.
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La familia unida en la chacra cipoleña donde viven y se desarrollan laboralmente
Tadeo conoció la chacra local en la que se desempeñan y viven cuando la visitó como ayudante de albañilería, un día que “me trajo un conocido de Neuquén a hacer un quincho”. Al advertir su predisposición, respeto y fundamentalmente su historia de vida, Virginia de Jong y familia no dudaron en tenderle una gran mano y brindarle total apoyo y confianza.
No sólo le ofrecieron empleo permanente para él y su familia, que provenían de su Venezuela natal en busca de oportunidades y “calidad de vida”, sino que también les concedieron la posibilidad de radicarse en el pujante establecimiento.
Hoy tanto él como su círculo íntimo están sumamente felices con semejante cambio y celebran las opciones de desarrollo que encontraron en Cipolletti.
«No nos queremos ir de Argentina, ni de Cipolletti»
“Primeramente agradecidos con Dios por el lugar que nos escogió, para nosotros mejorar la calidad de vida era clave. Y eternamente agradecidos a la familia de Jong, con Virginia a la cabeza. Dios nos tenía preparado este hermoso lugar y acá estamos, dando lo mejor de nosotros y luchándola”, celebra el matrimonio que no quiere quitarse el delantal ni el barbijo ni siquiera para la foto. “Mucho menos ahora que ya le dieron al emprendimiento el certificado de libre de gluten”, bromean.
A pesar de la nostalgia propia del desarraigo, están convencido de establecerse definitivamente en la zona.
“No nos queremos ir de Argentina ni del Valle, acá nos quedaremos. En mi caso extraño a mi mamá, mis hermanas y mi familia, pero prefiero que vengan y nos visiten ellas pero irme yo no lo creo. Mis hijos tampoco”, anticipa Luzmila con la misma convicción con que la descifra si una avellana, nuez o almendra está apta para someterla al proceso productivo.
Es que aquí pueden llevar una vida digna con buenas perspectivas de crecimiento. Los chicos estudian carreras universitarias (Divaio ingeniería mecánica y Thaily administración de empresas, ambos en Neuquén) y la niña mimada Sharlot se cría con ellos, rodeada de naturaleza y asiste a la primaria en Cipolletti.

Thaily y Sharlot, las hermanas mujeres de la familia venezolana
Se hicieron amantes de la carne y el mate y cuando la actividad laboral se los permite “nos encanta ir a Las Grutas, nos recuerda un poco al caribe nuestro. Allá, yo como maestra, salíamos finales de julio de vacaciones y nos íbamos a las playas, a Choroni y tantas otras hermosas. En Las Grutas nos transportamos un poco a todo eso”, asegura con un dejo de melancolía la licenciada en Educación Integral (“primero me gradué de Técnico Superior en Construcción Civil y luego estudié la licenciatura”). La mujer que apenas llegaron, en 2017 cuidó a una señora mientras su marido hacía changas para subsistir porque sabían que más allá de sus profesiones era empezar de cero, con esfuerzo y humildad.

Luzmila incorporó costumbres argentinas.
“Fuimos también a Bariloche, a El Chocón, todo muy bonito. Nos gusta la naturaleza, los cambios de climas, las cuatro estaciones…”, destacan las bondades del país que los cobijó generosamente.
Sharlot pregunta cuanto falta para la hora de equitación. Mientras se entretiene con Milo, el perro de la chacra, correteando entre las plantaciones y oliendo el particular aroma de las flores. Todo es paz y alegría para la niña y su entorno. En Cipolletti encontraron su lugar en el mundo.

Sharlot disfruta a pleno en la chacra. Llegó con pocos meses de vida al Valle.
Aprecio mutuo con los dueños de la Chacra
“Me atrevo a seguir adelante y avanzando por los Rondón, son parte de nuestra familia. Son trabajadores, super agradecidos y amorosos. Y pensar que nos conocimos por esas circunstancias de la vida”, los elogia Virginia, quien brilla con su emprendimiento de frutos secos a metros de la ruta 22. La persona que confió en ellos desde el primer día y los adora.
“Esta familia nos brindó su apoyo, su amor, su cariño, no sabemos cómo agradecerle”, devuelven gentileza los venezolanos.
Con información de lmcipolleti.com

Virginia junto a Luzmila, Tadeo, Divaio y las otras empleadas de Nogallia, Claudia y Maida.




