Las nuevas leyes draconianas impuestas por el gobierno talibán en Afganistán han extinguido las esperanzas de las mujeres afganas de ver una relajación en las estrictas restricciones que les son impuestas.
El nuevo código religioso, promulgado a finales del mes pasado, prohíbe a las mujeres levantar la voz, recitar el Corán en público y mirar a la cara a hombres que no sean sus esposos o familiares cercanos. Además, ahora deben cubrirse la mitad inferior del rostro, además del velo que ya era obligatorio.
Antes de la emisión de estas nuevas normas, las mujeres ya vivían bajo estrictas restricciones del régimen talibán, y muchas de las nuevas leyes solo formalizan prohibiciones que ya estaban en vigor de manera informal. Sin embargo, mujeres entrevistadas en diversas ciudades aseguran que la represión en áreas urbanas está incrementando, donde hasta hace poco las reglas eran aplicadas con menor severidad.
La “policía de moralidad” talibana, un brazo de los sectores más conservadores del régimen, parece haber ganado poder en Kabul y otras ciudades. Según testimonios, su presencia se ha vuelto más visible desde finales de agosto. Patrullan paradas de transporte público y centros comerciales buscando infracciones al código de vestimenta o cualquier mujer que ría o levante la voz. Los viernes, dispersan a las mujeres de los comercios para que los hombres puedan acudir a las oraciones en la mezquita a tiempo.
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La participación de mujeres en la televisión afgana también es cada vez más escasa. Aunque se prohibió a las niñas estudiar más allá de séptimo grado y a las mujeres ingresar a universidades poco después de que los talibanes tomaron el poder en 2021, hasta hace unas semanas algunas seguían asistiendo a clases de inglés. Sin embargo, tras advertencias de la policía de moralidad a los profesores varones, muchas familias ya no permiten que sus hijas asistan a clases.
“Hace tres semanas aún tenía esperanza de que los talibanes eliminaran las restricciones a la educación de las niñas”, comentó Meena, una joven de 20 años de edad que enseña en clases secretas. “Pero cuando emitieron su ley de vicios y virtudes, perdí toda esperanza”.
Una activista de 48 años de edad recordó la prohibición de estudiar impuesta durante el primer gobierno talibán en los años 90 y lamentó que la historia se repite: “Todo el país se ha convertido en un cementerio de sueños de mujeres”.

Al asumir el poder, los talibanes implementaron rápidamente restricciones severas, pero muchas de estas, como las prohibiciones educativas, fueron presentadas inicialmente como medidas temporales. La falta de claridad sobre los detalles permitió variaciones regionales en su aplicación, pero las diferencias entre Kabul y las zonas rurales conservadoras parecen estar desapareciendo.
Sajia, una ex estudiante universitaria de 24 años de edad, explicó: “Dentro de los talibanes había dos grupos: uno más moderado que quería flexibilizar las reglas. Pero con la aprobación de estas restricciones como ley, parece que esa facción ha fracasado, y ya no queda esperanza”.
Muchas mujeres afganas también dudan de la justificación religiosa de los talibanes para imponer estas restricciones y sospechan que están siendo utilizadas como moneda de cambio en negociaciones internacionales. El régimen sigue buscando el reconocimiento global de su gobierno y el acceso a las reservas congeladas del Banco Central afgano, en un esfuerzo por impulsar la economía.
Algunas culpan a la comunidad internacional por la pérdida de sus libertades. “El silencio del mundo durante estos tres años será un capítulo oscuro en la historia”, dijo Meena. Añadió: “Para los talibanes, que a una niña se le vea el pelo es un pecado, pero matar de hambre a su país no lo es”.




