Consumo excesivo de drogas y posibles abusos sexuales, es parte del escándalo que enloda hoy día a los médicos en Argentina, específicamente a un grupo de anestesiólogos que presuntamente hurtaban fentanilo y propofol para usar en las fiestas donde usaban bombas de infusión para aplicárselas y además contrataban a un par de enfermeros.
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¿Cómo se descubrió esta situación? el fallecimiento de Alejandro Salazar, de 30 años de edad, residente del Hospital Rivadavia y también vinculado al Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, fue el detonante. El 20 de febrero de este año, Salazar fue hallado sin vida en un departamento alquilado sobre la calle Juncal al 4600. En la vivienda se encontraron frascos de propofol procedentes del Hospital Italiano, lo que llevó a la institución a iniciar una investigación interna y presentar una denuncia judicial.
La justicia comenzó a investigar y al revisar sus aparatos tecnológicos descubre un grupo de Whatsapp donde cuadraban para asistir a estas fiestas que era de médico y hay un audio que es detonante. En el mismo explican que algunos de estos médicos consumen tusi desde que estaban en la universidad y una vez graduados y con mayores conocimientos, organizaban estos encuentros donde contrataban a dos enfermeros especializados que los reanimaban al momento de que quienes consumían «iniciaban su viaje con el propofol».
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Al parecer, los médicos pedían en mayor cantidad de medicamentos de las que utilizarían en cirugías o para cualquier tratamiento y las sobrantes, se las quedaban para sus encuentros.

Pero la investigación se extiende por posibles denuncias de abusos sexuales ya que el propofol induce una especie de sueño y ese era el momento preciso en que aprovechaban a la persona para abusar sexualmente.
El propofol y el fentanilo no se consiguen en farmacias. Estos fármacos llegan directamente desde droguerías a hospitales y clínicas, donde se emplean en procedimientos quirúrgicos y sedaciones, bajo estricta vigilancia.
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Carlos Damin, director del Hospital Fernández, explicó en una entrevista con TN que el propofol “es un anestésico que, en dosis controladas, produce sueño y sedación”, y que el fentanilo “tiene una potencia analgésica muy fuerte y genera deterioro del estado de conciencia”. Ambos medicamentos poseen un rango terapéutico corto: una mínima diferencia en la dosis puede convertir un efecto terapéutico en uno tóxico o letal.
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Al mediodía de este miércoles, fue allanada la sede de la Asociación de Anestesiólogos en Buenos Aires.
Hasta ahora, no se ha confirmado la participación de médicos venezolanos en este tipo de fiestas.




