La experiencia de migrar —con sus miedos, despedidas y nuevos comienzos— se convierte en teatro en Ponerse de pie – Diario escénico de una migración venezolana, una propuesta del dramaturgo venezolano Moisés Rivas que recrea su propio viaje desde Venezuela hasta Argentina, mostrando tanto las dificultades como los aprendizajes del proceso.
La obra se presenta los sábados a las 20 en Savia Espacio Cultural y propone un relato íntimo que invita al público a recorrer no solo una ruta geográfica, sino también un camino emocional atravesado por la despedida, la incertidumbre y la esperanza de quienes se animan a reconstruir su vida lejos de su país.
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De la experiencia personal al escenario
Todo comenzó en enero de 2018, cuando Rivas tomó la decisión de abandonar Venezuela y viajar a Argentina. El trayecto duró seis días y lo obligó a cruzar varias fronteras mediante largas caminatas y diferentes medios de transporte, entre autobuses, avión y taxi.
Sobre el escenario, tres voces migrantes reconstruyen ese recorrido. Junto a Rivas participan la actriz cubana Saraí Pérez, quien atravesó dos procesos migratorios, y el actor venezolano Juan Francisco Badilla, que revive su propia experiencia al dejar su país durante la adolescencia para reencontrarse con sus hermanos.
Cada historia aporta una perspectiva distinta sobre el desarraigo, el miedo y la nostalgia, pero también sobre la fuerza necesaria para empezar de nuevo.
La puesta escénica se construye a partir de audios, fotografías y recuerdos del archivo personal de Rivas, además de testimonios de migrantes venezolanos que hoy viven en Buenos Aires. De esta manera, el relato teatral se convierte también en un gesto de resiliencia emocional y en un homenaje a quienes, por diferentes circunstancias, debieron dejar su país para comenzar una nueva vida.

Seis días que cambiaron una vida
En conversación con TN Show, el dramaturgo recordó cómo surgió la obra. Contó que en una clase de dramaturgia decidió compartir uno de los momentos más impactantes de su viaje hacia Argentina. La reacción de sus compañeros lo sorprendió.
“Para mí ya era una historia casi normal, porque muchos de mis amigos venezolanos en Buenos Aires habían vivido viajes similares. Pero cuando escuché la reacción de mis compañeros argentinos entendí lo difícil que realmente había sido”, explicó.
Uno de los episodios más intensos del relato ocurre en la frontera entre Venezuela y Brasil, cuando fueron dejados de madrugada y debieron caminar durante horas hasta el puesto migratorio que abriría a las ocho de la mañana. Allí comenzaron a hacer fila desde la noche anterior para poder cruzar.
“Ese es, paradójicamente, mi momento favorito de la obra, aunque también fue el más difícil de reconstruir. Yo mismo lo escribí, pero sabía que no podía interpretarlo. Es demasiado fuerte para mí. Por eso lo actúa Saraí, y lo hace mucho mejor de lo que yo podría hacerlo”, contó.

Una historia que incluye muchas voces
Aunque la obra se centra en el recorrido personal de Rivas, el dramaturgo decidió incorporar testimonios de otros migrantes venezolanos que hoy viven en Buenos Aires.
“Era una oportunidad para visibilizar otras historias de migración. Son mis amigos, los tengo cerca. Cada uno vivió un viaje diferente, el que pudo hacer. Incluir esas voces le dio a la obra una mirada más amplia”, explicó.
Esa diversidad también se refleja en las historias del elenco. Badilla, por ejemplo, emigró a los 14 años, en plena adolescencia, una etapa que ya de por sí implica grandes cambios.
“Imaginar lo que significa enfrentarse a la secundaria en otro país, con otra cultura y otro entorno, muestra otra dimensión del proceso migratorio”, señaló Rivas.
En el caso de Pérez, su historia también está marcada por la migración: nació en Cuba, creció en Venezuela y vivió durante años esa dualidad de identidades.

La memoria como material escénico
La obra utiliza audios, fotografías y videos del archivo personal del autor, un material que le resultó emocionalmente difícil de revisar.
“A veces parece un poco masoquista, pero era imposible contar esta historia sin esos registros. Incluso la voz de mi mamá aparece en la obra. No podía quedar afuera”, explicó.
Revisar esas imágenes y recuerdos le permitió observar cómo cambió su vida desde aquel viaje, así como reencontrarse con la memoria de quienes lo acompañaron en el trayecto.
“El proceso de ensayos duró más de un año. Fue necesario ese tiempo para poder contar la historia sin sentirme demasiado vulnerable en cada función”, agregó.

Un mensaje de empatía
Más allá de la historia personal, Rivas espera que el público se lleve una reflexión sobre la migración y sus múltiples dimensiones.
“Mi expectativa es que la obra genere empatía. Que quienes la vean puedan acercarse un poco a la idiosincrasia venezolana y comprender lo que implica emprender un viaje migratorio cuando se siente que ya no es posible volver al lugar de origen”, afirmó.
El dramaturgo también destacó la forma en que la cultura venezolana ha sido recibida en Argentina, un país que —según señala— ha mostrado apertura hacia las tradiciones, la gastronomía y el humor de los migrantes.
Durante las funciones previas al estreno, varios espectadores compartieron historias familiares vinculadas con la migración. Algunos incluso contaron que, después de ver la obra, decidieron hablar con sus abuelos para conocer cómo había sido su propio proceso migratorio.
Otros aprovecharon para preguntar a amigos venezolanos sobre su llegada al país, un tema que muchas veces permanece en silencio.
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Según Rivas, ese diálogo es uno de los mayores logros del proyecto. Por eso la obra busca equilibrar emoción y humor, combinando música, baile y momentos de reflexión.
“Los venezolanos que vieron la obra nos agradecieron que no los lleváramos a la tristeza. Nunca quisimos reabrir heridas. Por eso elegimos contar la historia desde la risa, la música y el movimiento, sin dejar de hablar de lo que realmente ocurrió”, concluyó.
Con Información de TN.-




