Migrar a Miami nunca estuvo en los planes de Mirelis Morales. Sin la posibilidad de obtener una green card, ni siquiera se permitía imaginarlo. Sin embargo, la aprobación del Estatus de Protección Temporal (TPS) para los venezolanos, en marzo de 2022, abrió una puerta que hasta entonces parecía imposible: la opción de permanecer legalmente en Estados Unidos.
Su historia migratoria comenzó en junio de 2018, cuando dejó Venezuela rumbo a Perú, empujada por la crisis humanitaria. Viajó con su hijo de apenas un año y medio, en busca de estabilidad y seguridad. El Permiso Temporal de Permanencia (PTP) le permitió reconstruir una rutina y recuperar cierta calma, pero la llegada de la pandemia volvió a cambiarlo todo.
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La incertidumbre sanitaria y la falta de una red de apoyo la obligaron a replantear su futuro. Estar sola, con un niño pequeño, la llevó a considerar nuevos destinos. Fue entonces cuando surgieron dos opciones: Miami o Madrid. Sin embargo, la gran pregunta era cómo regularizar su situación migratoria en Estados Unidos.
Su plan inicial era viajar a España y solicitar una visa humanitaria, pero antes decidió hacer una escala en Miami para pasar las fiestas con su hermano. No imaginaba que las fronteras españolas continuarían cerradas y que ese viaje terminaría marcando un giro definitivo en su vida.
El giro inesperado
La aprobación del TPS para los venezolanos durante la administración de Joe Biden cambió su panorama. Esta medida le permitió obtener un número de seguro social, un permiso de trabajo y, sobre todo, estabilidad. Miami pasó de ser un destino temporal a convertirse en un refugio.
Allí pudo retomar su carrera como periodista, formalizar su emprendimiento editorial y reconstruir su vida personal. Incluso, se permitió volver a creer en el amor. Lo que nunca imaginó fue que ese proceso estaría marcado por años de trámites, incertidumbre y desgaste emocional.
Convencida de que podía aspirar a algo más estable, inició los trámites para una visa por habilidades extraordinarias. “Tienes el perfil”, le decían colegas y abogados. Confiada, invirtió los primeros 6.000 dólares en el proceso.

Durante un año reunió pruebas, cartas de respaldo y documentación que acreditaban su trayectoria profesional. Cada documento implicó una búsqueda minuciosa, gestiones complejas y mucha paciencia. El objetivo no solo era asegurar su futuro, sino también garantizar estabilidad para su hijo y para su pareja, quien llevaba más de una década esperando respuesta a su solicitud de asilo.
El expediente fue enviado en febrero de 2024. Doce días después llegó la respuesta: el caso había sido rechazado. La frustración fue profunda. “Lloré hasta no poder más”, recuerda. Aun así, buscó una segunda opinión legal.
El diagnóstico fue claro: el caso debía rehacerse desde cero. Eso implicaba una nueva inversión de más de 12.000 dólares. A pesar del golpe económico, decidió intentarlo una vez más.
Un proceso desgastante
El nuevo expediente superó las 700 páginas e incluyó pruebas de su trabajo en organizaciones como la BBC y The New York Times, además de su participación como jurado, formadora y referente en proyectos periodísticos internacionales.
La solicitud fue enviada en enero de 2025, pocos días después del regreso de Donald Trump a la presidencia. Semanas más tarde, llegó la respuesta del Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS): le aprobaron cuatro de los diez criterios evaluados, pero no le concedieron la residencia al considerar que no alcanzaba el “nivel de excelencia” requerido.
Según su abogado, el caso quedó atrapado en el llamado “efecto Trump”, un endurecimiento de los criterios migratorios. Apelar era posible, pero implicaba más tiempo, más dinero y ninguna garantía. Con el TPS en riesgo de ser eliminado y los plazos agotándose, Mirelis se vio obligada a buscar una nueva alternativa.
España, una nueva oportunidad
La última opción fue intentar una visa O a través de un patrocinador, pero tampoco ofrecía estabilidad a largo plazo. Entonces apareció una nueva posibilidad: la visa para nómadas digitales en España.
Tras una consulta con un gestor, supo que podía obtener la residencia en aproximadamente 20 días y optar a la nacionalidad tras dos años. Era eso o regresar a Venezuela.
Cerrar su vida en Miami fue doloroso. Dejó atrás afectos, proyectos y años de esfuerzo. En septiembre de 2025 viajó a Caracas para renovar su pasaporte y, poco después, aterrizó en Madrid.
El trámite fue sorprendentemente sencillo. Presentó la documentación requerida —ingresos, seguro médico, antecedentes penales y una carta que acreditaba que podía trabajar de forma remota— y, un mes después, recibió la aprobación de su residencia por tres años. El costo total no superó los 825 dólares.
Después de tantos obstáculos, el alivio fue inmediato.
Un nuevo comienzo
Aún persiste la herida de haber tenido que dejar Estados Unidos. “Siento que me expulsaron, a pesar de haber hecho todo correctamente”, confiesa. Sin embargo, España le devolvió algo que había perdido: tranquilidad.
Hoy puede ahorrar, moverse sin depender de un automóvil y llevar a su hijo caminando al colegio. Recuperó la autonomía económica y una calidad de vida que había quedado relegada durante años.
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“Todavía no sé si Madrid será mi lugar definitivo”, afirma. “Pero aquí, al menos, me he sentido bienvenida”.
Con Información de .bbc.com.-




