El equipo multidisciplinario del Hospital Garrahan llevó a cabo una intervención poco habitual en la pediatría argentina: la separación exitosa de dos siamesas de apenas tres meses, nacidas en abril pasado en Rosario, provincia de Santa Fe.
Fuentes del centro médico señalaron que este tipo de cirugías se realiza entre una y dos veces cada cuatro años, lo que refleja su complejidad y excepcionalidad.
Según explicó Víctor Ayarzábal, jefe del Servicio de Cirugía General, las bebés “son gemelas idénticas unidas por el abdomen, lo que se conoce como onfalópagos. Los estudios previos confirmaron que cada hígado funcionaba de forma independiente y que el resto de los órganos estaba correctamente separado. La cirugía consistió en seccionar el puente que las unía y lograr la separación definitiva”.
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La intervención, que se prolongó por ocho horas, fue programada con antelación gracias a la estabilidad clínica de las niñas. La preparación incluyó simulaciones y la coordinación de especialistas en cirugía plástica, neonatología, anestesiología y otras áreas.“La operación fue exitosa. Si las próximas 48 horas transcurren sin complicaciones, esperamos que las niñas puedan llevar una vida normal y saludable”, afirmó Ayarzábal.
En Argentina, la incidencia de nacimientos de siameses oscila entre uno cada 50.000 y uno cada 100.000 nacidos vivos. La tasa varía debido a la alta mortalidad fetal y durante el parto, lo que acentúa la rareza de casos como este. Actualmente, las gemelas evolucionan favorablemente y los médicos son optimistas sobre su desarrollo.
Otro avance quirúrgico en el Garrahan: cirugía fetal para tratar espina bífida
Semanas atrás, el hospital también fue noticia por realizar una cirugía fetal dentro del útero, considerada un hito en la medicina de alta complejidad en el país.
El procedimiento estuvo a cargo de un equipo integrado por 25 profesionales, entre ellos la jefa de Clínica de Neonatología, María Soledad Arbio, y la ginecóloga y obstetra especializada en medicina materno-fetal Analizia Astudillo.

El caso correspondía a un bebé diagnosticado con espina bífida (mielomeningocele) en la semana 27 de gestación. La intervención consistió en exponer el útero materno, practicar una incisión de tres centímetros y reparar el defecto en la columna del feto. La madre recibió anestesia general, mientras que el bebé fue anestesiado localmente para evitar movimientos.
Astudillo explicó que uno de los mayores riesgos era mantener la conexión placentaria del feto durante toda la operación, ya que cualquier alteración del cordón umbilical podía provocar la muerte intrauterina. Además, advirtió que, tras la cirugía, la madre solo podrá dar a luz por cesárea en futuros embarazos.
La espina bífida impide el cierre completo de la columna y la médula espinal, dejando expuestas las terminaciones nerviosas. Según Arbio, la localización del defecto determina el grado de parálisis en las extremidades inferiores y las posibles secuelas neurológicas.
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Con Información de Infobae.-




