Seguramente ya lo habrá notado: la contaminación por plástico dejó de ser un problema lejano. Basta caminar por playas desiertas —en pleno invierno o fuera de temporada— para ver cómo las olas arrastran bolsas y residuos hasta la arena. Lo que antes parecía una amenaza lejana, hoy está frente a nuestros ojos.
En estos días, en Ginebra, 184 países debaten el primer tratado global para poner fin a la contaminación plástica. Pero las negociaciones avanzan con dificultad: un grupo de naciones —las que más plástico producen, muchas de ellas potencias petroleras— presiona para que no se impongan restricciones significativas. Se los conoce ya como la «oligarquía del plástico».
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Siete países, dos tercios del plástico
Un informe de la consultora británica Eunomia y del grupo Zero Carbon Analytics, presentado durante la cumbre, reveló que siete países produjeron en 2024 el 67% de los cuatro polímeros vírgenes más comunes en el mundo: polietileno (PE), polipropileno (PP), PET (utilizado en botellas) y poliestireno (PS).
- China lidera con un 34% de la producción.
- Le siguen Estados Unidos (13%) y Arabia Saudita.
- Completan la lista Corea del Sur, India, Japón y Alemania, este último como único país europeo en el top 10.
Otro estudio, de la firma energética Wood Mackenzie, mostró que solo 18 empresas producen más de la mitad del plástico mundial. En 2021, la líder fue la estatal china Sinopec (5,4%), seguida por ExxonMobil (5%), LyondellBasell (4,5%), Saudi Aramco (4,3%) y PetroChina (4,2%). Entre las europeas destacan Ineos (Reino Unido), Borealis (Austria) y TotalEnergies (Francia).
Un tratado bloqueado
Hasta el momento, 96 de los 180 países con poder de voto apoyan un tratado que limite la producción, pero se enfrentan a la resistencia de ese pequeño grupo de grandes productores. Las conversaciones, que culminan el 14 de agosto, avanzan sobre un borrador que aún presenta más de 300 puntos sin consensuar.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte que si no se revierte la tendencia actual, el consumo de plástico podría triplicarse para 2060, y la basura plástica en la naturaleza aumentaría un 50% para 2040.
Actualmente, el mundo genera 460 millones de toneladas de plástico al año, de las cuales la mitad corresponde a productos de un solo uso. Menos del 10% se recicla. El resto se degrada lentamente, convirtiéndose en microplásticos y nanoplásticos que contaminan ríos, océanos y la cadena alimentaria.
¿Qué traban los países petroleros?
Varios países productores de petróleo se oponen abiertamente a cualquier medida que limite la producción de plástico virgen. Arabia Saudita, Rusia, Irán y otros Estados árabes integran un grupo autodenominado «like-minded», que busca desviar el foco del origen petrolífero del plástico y concentrarse solo en la etapa final del ciclo: el residuo.
Su propuesta es invertir en sistemas de recolección, clasificación y reciclaje —sobre todo en países en desarrollo—, pero sin modificar las bases del modelo de producción.
Una fuente diplomática que integra la coalición “ambiciosa” (a favor de medidas restrictivas) fue contundente:
“Si el tratado solo sirve para ayudar a los países pobres a manejar mejor su basura, no necesitamos un acuerdo global. Estamos en medio de una pulseada con países dispuestos a que no haya tratado.”
Otro punto de conflicto: los químicos peligrosos
Tampoco hay acuerdo en torno al artículo 3 del borrador, que propone una lista global de sustancias químicas peligrosas presentes en plásticos —como aditivos, colorantes, ftalatos o los llamados contaminantes eternos (PFAS)—.
Algunos países quieren que esa lista no exista o que cada Estado la defina por su cuenta. “Eso ya lo puede hacer cualquier país sin necesidad de un tratado internacional”, explica la misma fuente.
También sorprende, según organizaciones no gubernamentales presentes en la cumbre, la actitud de China, que promueve globalmente las energías renovables y lidera el mercado solar, pero bloquea avances concretos en la reducción de plástico.
Un futuro en juego
El proyecto en debate es el primer tratado legalmente vinculante que abarcaría todo el ciclo de vida del plástico, desde su producción hasta su eliminación. Pero las últimas negociaciones —como las celebradas en Busan (Corea del Sur) a fines de 2024— ya fracasaron.
“Las posiciones se cristalizan”, señaló una fuente de una ONG tras participar en varias sesiones a puertas cerradas. La falta de voluntad política de algunos actores clave pone en riesgo el éxito de un acuerdo que podría marcar un antes y un después en la lucha global contra la contaminación plástica.
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Con inforamción de EFE y AFP.-




