KQA.– Desde Los Teques, estado Miranda, Venezuela, hasta el corazón de Argentina. Así podría resumirse el recorrido de Yefirson Arteaga, atleta venezolano de 36 años de edad, que tras nueve años radicado en el país, encontró en el powerlifting mucho más que un deporte: un camino de transformación física, emocional y espiritual.
Recientemente, Arteaga se coronó campeón nacional en su categoría, logrando no solo una medalla, sino también la clasificación al Mundial de Powerlifting que se disputará en Camboriú, Brasil, del 22 al 26 de octubre de este año.
“Fue una experiencia gratificante y renovadora. Sentí una explosión de energía y satisfacción personal. El haber ganado me hace sentir que no hay nada que no pueda conseguir si de verdad lo quiero”, expresó el atleta, que entrena bajo la guía de Axel Ferraris (@powercoach.axel) y con la asistencia nutricional de Guadalupe Cabral (@guadalupe.a.cabral).
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Un proceso con obstáculos y recompensas
La preparación de Yefirson comenzó sin garantías. En enero de este año, su hijo Simón estaba por nacer y no sabía si competiría. Pero el nacimiento fue tranquilo, la familia lo apoyó, y la Federación lo invitó a competir. Así, retomó los entrenamientos con más enfoque que nunca.
“Mi hijo nació saludable y tranquilo, y eso me permitió decir ‘sí’ al torneo. Lo hablé con mi familia y con mi entrenador… y el resto es historia”, recordó.
Además del reto físico, la preparación implicó superar obstáculos mentales: llegar tarde al torneo, competir con frío extremo y enfrentar a un rival muy fuerte. “Lo más difícil fue mantener la calma. Este deporte parece físico, pero en realidad, lo más importante es la mente”.
La familia como motor
Detrás de cada levantamiento hay una red de apoyo que impulsa a Yefirson a seguir. Su familia, tanto la que tiene cerca como la que está a distancia, es clave.
“Mi pilar es mi familia: Yaneht, Alejandro, Simón. Y desde lejos, mi mamá, tía, primos, y mi papá que en paz descanse. Él es mi mayor referente. Ellos me inspiran cada día a ser mejor, dentro y fuera del deporte”.

Una pasión que lo transformó
El powerlifting apareció en su vida hace ocho años. Desde entonces, no ha dejado de entrenar, progresar y competir. Hoy, su próximo gran objetivo es levantar un total de más de 800 kg en competencia, con una sentadilla de al menos 305 kg, compitiendo en una categoría cercana a los 100 kg de peso corporal.
Pero más allá de los números, Arteaga reconoce que el powerlifting lo cambió por dentro.
“Soy una persona más segura, resiliente y fuerte. No solo físicamente, también mental y emocionalmente. A este deporte le debo en gran parte lo que soy hoy”.
Entrenamiento, nutrición y principios
Arteaga sigue un plan alimentario específico que le permitió pasar de 86-88 kg a 97 kg de peso corporal, aumentando su rendimiento sin ganar grasa.
“No tengo cábalas. Si algo me perturba mentalmente, pienso en mi papá o en mis hijos, y todo se aclara. Me concentro, y sé que lo voy a levantar. Simplemente lo sé”, explica sobre el momento clave en cada levantamiento.

Un mensaje a quienes recién empiezan
Yefirson no se guarda consejos para quienes deseen empezar en el powerlifting:
“Busquen un buen entrenador y empiecen por la técnica. Tengan paciencia. Aliméntense bien y aléjense de los esteroides. En algún momento, levantar más kilos dejará de ser lo más importante, y ahí lo que cuenta es estar sano para seguir adelante”.
Rumbo a Brasil con una meta clara
Con la clasificación al Mundial en la mano, Yefirson se prepara para el próximo desafío: competir en la élite mundial en Brasil. El mayor obstáculo ahora no está en los kilos que debe levantar, sino en los recursos económicos necesarios para costear el viaje.
A pesar de todo, mantiene la fe: “Sé que se va a dar”.
Dos historias, una misma raíz
Con trayectorias distintas, pero un mismo origen y pasión, Yefirson y Victoria Jansen de Hoenicka son ejemplo de constancia, superación y entrega. Desde el powerlifting, representan no solo a Venezuela y Argentina, sino también a toda una generación de atletas latinoamericanos decididos a romper sus propios límites —y récords— sobre la plataforma.
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