“La olía la ropa interior”, declaró Natalie Weber durante una emisión del programa de Mirtha Legrand, y la frase rápidamente recorrió medios y redes sociales. La modelo explicó que utilizaba ese método para comprobar si su esposo, el exfutbolista Mauro Zárate, le era infiel. Mientras algunos interpretaron su comentario como una broma, otros lo consideraron un claro ejemplo de una conducta posesiva y desbordada.
El episodio volvió a poner sobre la mesa cómo los celos pueden ser minimizados, normalizados o incluso celebrados mediáticamente, cuando en realidad podrían formar parte de una dinámica tóxica. Aunque la mayoría de las personas ha experimentado celos en algún momento, su abordaje sigue siendo un tema tabú. “Es una emoción que genera vergüenza, de la que casi no se habla”, afirma el psicólogo Johan Åhlén, del Instituto Karolinska, quien lidera una investigación sobre pensamientos y comportamientos celosos en la población general.
Desde revisar un teléfono hasta controlar prendas personales, muchos gestos pueden parecer anecdóticos, pero en realidad responden a una lógica de vigilancia que daña la confianza, la intimidad y el bienestar emocional en la pareja.
ÚNETE A NUESTRO GRUPO DE WHATSAPP PARA ESTAR INFORMADO
Celos que generan sufrimiento: ¿cuándo se vuelven un problema?
La psicología clínica distingue entre celos esporádicos y celos problemáticos, una forma persistente de malestar que puede escalar hacia comportamientos obsesivos o controladores.
Según el estudio liderado por Åhlén, los pensamientos celosos suelen manifestarse como:
- Imágenes mentales intrusivas sobre una posible infidelidad
- Sospechas frecuentes de que la pareja siente atracción por otra persona
- Necesidad constante de confirmar el compromiso afectivo del otro
Cuando estos pensamientos se intensifican, pueden transformarse en conductas como:
- Revisar mensajes, llamadas o redes sociales
- Interrogar repetidamente o acusar sin evidencia
- Pedir que la pareja modifique su forma de vestir o limite sus relaciones sociales
- Controlar objetos personales, como la ropa interior
“Los pensamientos celosos pueden ser intrusivos y angustiantes, y presentan similitudes con el trastorno obsesivo-compulsivo y con el trastorno de ansiedad generalizada (TAG)”, señala Åhlén. Sus datos preliminares indican que, si bien casi todas las personas experimentan celos en alguna medida, pocas desarrollan conductas extremas.
¿Se pueden tratar los celos?
A diferencia de otras emociones intensas, aún no existe un tratamiento psicológico validado específicamente para los celos. “Es un vacío importante en el campo clínico”, advierte Åhlén. Su investigación busca determinar si este tipo de sufrimiento emocional requiere atención profesional y qué herramientas podrían ser eficaces para abordarlo.
El profesor Gery Karantzas, especialista en relaciones de pareja en la Universidad de Deakin, aporta una perspectiva evolutiva: “Los celos son una emoción compleja que surge cuando sentimos que nuestra relación está amenazada por una tercera persona”. Según Karantzas, su función es protectora, pero cuando no se gestionan adecuadamente, pueden provocar conflictos, desgaste emocional y pérdida de confianza.
Ignorar los celos no los elimina. “A menudo son el reflejo de un conflicto más profundo”, añade. Recomienda analizar qué los desencadena, cómo interpretamos la situación y si la reacción surge de inseguridades personales o de señales objetivas.
¿Hay celos «normales»?
Sentir celos no implica necesariamente un problema psicológico. Como cualquier emoción, puede cumplir una función adaptativa. “En algunos casos puede alertar sobre un posible distanciamiento o servir para cuidar el vínculo si hay compromiso mutuo”, afirma Åhlén. Sin embargo, cuando los celos se convierten en una dinámica constante de control, afectan gravemente la salud emocional y la calidad de la relación.
La exposición mediática de este tipo de conductas —como ocurrió con Natalie Weber— puede servir para visibilizar un tema aún poco abordado, pero también es importante dejar en claro que prácticas de control como la descrita no deben celebrarse ni banalizarse. Naturalizar el control es, muchas veces, el primer paso hacia relaciones disfuncionales.
ÚNETE A NUESTRO CANAL DE TELEGRAM PARA ESTAR INFORMADO
Con Información de TN.-




