Desde temprano, la Plaza de Mayo comenzó a recibir a los fieles que se acercaron para despedir al papa Francisco en la misa exequial celebrada hoy en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, ubicada en San Martín 27. El pontífice falleció el lunes pasado, a los 88 años, tras sufrir un derrame cerebral. La ceremonia es presidida por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva. El funeral oficial tuvo lugar más temprano en el Vaticano.
Las vallas instaladas en los alrededores estaban cubiertas con banderas argentinas, mientras que en las calles laterales se colocaron pantallas gigantes para seguir la transmisión. Frente al altar, montado sobre las escalinatas, las sillas aguardaban vacías a los asistentes, y más de 150 copones estaban preparados para la comunión. Cada media hora, las campanas de la Catedral resonaban, mientras el “Aleluya” sonaba de fondo y los fieles rezaban en pequeños grupos o en silencio. Medios de comunicación de todo el mundo cubrían la ceremonia.
La misa comenzó puntualmente a las 10. Miles de personas continuaban llegando por la avenida de Mayo, portando banderas, estampas y rosarios. Entre los presentes había referentes de clubes parroquiales de distintos barrios de la ciudad, obispos y sacerdotes de diversas provincias que viajaron especialmente para participar.
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Durante la homilía, García Cuerva emocionó a los asistentes con un mensaje lleno de dolor y gratitud. Con la voz quebrada, habló del vacío que deja Francisco:
“Lloramos porque se murió el padre de todos, lloramos porque ya sentimos en el corazón su ausencia física, lloramos porque nos sentimos huérfanos…”. Recordó además las palabras del Papa sobre la importancia del llanto genuino ante el dolor de los más vulnerables.
En un clima de recogimiento absoluto, el arzobispo instó a no temer al llanto:
“Hoy lloramos a Francisco, desde lo más profundo del corazón, sin vergüenza, pero también con el dolor que nos une como pueblo. Que nuestras lágrimas rieguen nuestra patria para hacerla fecunda en reconciliación y hermandad”.
Entre los asistentes se encontraban autoridades políticas como Jorge Macri, Axel Kicillof, Victoria Villarruel y Eduardo Valdés. Algunos sostenían rosarios, fotos o banderas, visiblemente emocionados.
García Cuerva también recordó el compromiso de Francisco con los pobres y marginados:
“Francisco fue padre de todos, pero especialmente de los más frágiles. Siempre con el corazón de pastor al modo de Jesús, disponible para la escucha y el perdón”.

La homilía avanzó evocando la lucha del Papa contra “los demonios que hacen sufrir a la humanidad”, como la guerra, la fragmentación social y la resistencia al cambio. Cada cita provocaba emotivos aplausos entre los fieles.
Comparando la incredulidad de los discípulos del Evangelio con el asombro que provocó la vida de Francisco, García Cuerva recordó:
“Nos costó creer cuando lo vimos abrazando a los más pobres, animando a los jóvenes a hacer lío, soñando con transformar el mundo”.
Finalmente, instó a continuar su legado:
“Seamos esa Iglesia en salida que Francisco soñó, una Iglesia que abrace las periferias existenciales del dolor, la injusticia y la ignorancia”.
La misa fue concelebrada por los obispos auxiliares Iván Dornelles, Alejandro Pardo, Alejandro Giorgi y Pedro Cannavó, junto a otros obispos y sacerdotes de todo el país. García Cuerva, quien decidió permanecer en Buenos Aires en vez de viajar a Roma, consideró que el Papa debía ser despedido en su ciudad natal con una ceremonia abierta al pueblo.
Esta misa en la Plaza de Mayo es el principal acto litúrgico de despedida en Argentina y marca el cierre del luto oficial en su tierra natal.
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Con Información de LaNación.-



