La instalación de una escultura de bronce de la reina Isabel II y el príncipe Felipe en los Jardines del Castillo de Antrim, Irlanda del Norte, ha generado una intensa polémica desde su inauguración en septiembre de 2024. La obra, creada por el artista de Belfast Anto Brennan, fue concebida como un homenaje a la pareja real, simbolizando su vida tanto pública como privada. Sin embargo, la representación artística ha sido objeto de fuertes críticas, principalmente por la falta de similitud en los rasgos faciales de la reina.
Las redes sociales y los medios se llenaron de comentarios divididos. Mientras algunos valoraron el tributo, otros consideraron que la estatua no lograba captar la esencia de Isabel II, comparando incluso su apariencia con personajes de la cultura popular como Mrs. Doubtfire. Ante la controversia, el Consejo de Antrim y Newtownabbey defendió la obra, argumentando que el arte es subjetivo y que, si bien algunas opiniones fueron negativas, la mayoría de los visitantes la acogieron positivamente.
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El alcalde Neil Kelly, presente en la inauguración, describió la escultura como una “bella estatua” que capturaba la “gracia y firmeza” de la reina, cualidades que caracterizaron su reinado. El Consejo también subrayó que es natural que las obras de arte público generen reacciones diversas, y que su valor radica en su capacidad de evocar memoria colectiva.
A pesar de las críticas, el contexto histórico y el simbolismo de la ubicación en los Jardines de Antrim fueron destacados como elementos clave para resaltar una faceta más cercana y relajada de la reina, conectada con sus intereses personales, como su amor por los corgis.
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