Una serie de exigencias concretas pesa sobre la nueva jefa provisional de Venezuela, Delcy Rodríguez. Washington busca, como condición para evitar represalias similares a las aplicadas contra Nicolás Maduro, un giro profundo en las políticas adoptadas por Caracas durante las últimas décadas. El planteamiento estadounidense no se limita al combate del narcotráfico y la expulsión de agentes extranjeros, sino que apunta a una reconfiguración total del alineamiento geopolítico venezolano, incluida la interrupción de envíos de petróleo a rivales estratégicos de Estados Unidos.
La Casa Blanca fue explícita respecto a lo que espera de Rodríguez y advirtió sobre la posibilidad de una “segunda ola” de acciones si las demandas no son cumplidas. Entre los instrumentos de presión figuran nuevas medidas militares, la eventual flexibilización de sanciones y el control de activos financieros de la funcionaria, cuya mayor concentración estaría en Doha, Catar, según fuentes citadas por Politico.
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Fuentes cercanas a la administración Trump indicaron además que se maneja información sobre fondos ubicados en Turquía, y que la sola mención de conversaciones con autoridades cataríes y turcas sobre esos recursos constituye un factor de coerción significativo. “El solo hecho de que digamos que hablamos con los cataríes y los turcos sobre su dinero sería, evidentemente, una amenaza muy fuerte”, afirmó Elliott Abrams, exrepresentante especial para Venezuela durante el primer mandato de Trump, citado por el medio.
En el corto plazo, el equipo de Trump apuesta por consolidar su influencia a distancia. Aunque el presidente deslizó el domingo la posibilidad de reabrir la Embajada estadounidense en Caracas, la gestión posterior a la captura de Maduro se contempla, por ahora, desde el exterior. Un alto funcionario estadounidense citado por el medio antes mencionado señaló que la prioridad es garantizar “que el país se mantenga estable avanzando hacia los intereses de Estados Unidos”, sin detallar públicamente las exigencias transmitidas a Rodríguez.
Las directrices para la líder interina, confirmadas por funcionarios estadounidenses y personas cercanas a las discusiones internas, incluyen tres demandas inmediatas: intensificar el combate contra el narcotráfico, expulsar a agentes iraníes, cubanos y de otras naciones consideradas adversarias, y frenar la venta de petróleo a enemigos de Estados Unidos.
De forma adicional, Washington espera que Rodríguez allane el camino hacia elecciones “libres” y que posteriormente abandone el poder. Sin embargo, los plazos para ese proceso permanecen indefinidos y, por ahora, los comicios no figuran en la agenda inmediata, según la información recabada por el medio antes mencionado.
El margen de maniobra de Rodríguez es limitado. Personas cercanas a la administración Trump consideran que se encuentra bajo estricta supervisión y que su accionar puede ser condicionado completamente antes de prescindir de ella. “Confían en que pueden torcerla en cualquier dirección que necesiten antes de deshacerse de ella y avanzar”, sostuvo una fuente anónima.
La sucesora de Maduro, hasta hace poco vicepresidenta y figura clave del poder, pasó en cuestión de días de condenar duramente la captura del exmandatario a manifestar, el domingo pasado, su disposición a trabajar con Washington en una “agenda de cooperación”.
Rodríguez enfrenta el desafío de condenar públicamente la caída de Maduro mientras acepta, de forma tácita, la influencia estadounidense y promueve políticas impopulares dentro de su propio entorno político, que durante 27 años identificó a Estados Unidos como su principal adversario, explicó Ryan Berg, analista del Center for Strategic and International Studies, citado por Politico.
El secretario de Estado, Marco Rubio, dio señales claras de la postura estadounidense durante una entrevista con ABC News. “Estableceremos las condiciones para dejar de tener en nuestro hemisferio una Venezuela que sea cruce de caminos de muchos de nuestros rivales, incluidos Irán y Hezbolá, que deje de enviarnos bandas narcotraficantes, embarcaciones de droga y que deje de ser un paraíso del narcotráfico”, afirmó.
Antes del operativo militar que culminó con la captura de Maduro, sectores del gobierno estadounidense evaluaron un eventual alivio de sanciones y otras medidas para el día después. Sin embargo, por ahora, la administración no contempla levantar restricciones ni enviar ayuda humanitaria significativa, según un funcionario estadounidense y otras tres fuentes citadas por el medio.
El clima interno en Washington está marcado por la falta de consenso sobre los próximos pasos, agravada por los recortes presupuestarios que afectaron al Departamento de Estado y a organismos clave en la gestión de crisis internacionales.
Otra exigencia planteada a Caracas es la liberación de ciudadanos estadounidenses detenidos en Venezuela, aunque no existe —al menos públicamente— una demanda similar respecto a la excarcelación general de presos políticos venezolanos.
Junto a Rodríguez permanecen figuras de peso del círculo madurista, como el ministro del Interior, Diosdado Cabello, y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López. La convivencia de estos actores, con lealtades y estructuras armadas propias, configura lo que una fuente describió como “un pozo inestable de víboras”.
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Mientras tanto, persiste la incógnita sobre el grado real de autonomía de la líder interina y sobre el rumbo que tomará la política venezolana en un escenario atravesado por presiones directas desde la Casa Blanca, expectativas de reformas internas y la amenaza latente de una nueva intervención militar, reiterada por Trump el domingo desde el Air Force One: “Venezuela, hasta ahora, ha sido muy amable. Pero ayuda tener una fuerza como la que tenemos. Si no se comportan, haremos un segundo ataque”.
Con Información de Infobae.-




