Este jueves, tras varias horas de deliberaciones en el cónclave, los cardenales eligieron al sucesor del papa Francisco. Como resultado, la esperada fumata blanca se elevó desde la chimenea de la Capilla Sixtina, instalada especialmente por los trabajadores del Vaticano.
En las próximas horas, el nuevo sumo pontífice deberá completar un breve pero simbólico proceso: aceptar formalmente el cargo, elegir su nombre papal y vestirse con las tradicionales túnicas blancas en el llamado “Cuarto de las Lágrimas”. Posteriormente, será presentado al mundo desde el balcón central de la Basílica de San Pedro. Es relevante destacar que el elegido se convierte en el Papa número 267 en la historia de la Iglesia Católica, continuando así su legado milenario.
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¿Qué significa la fumata blanca?
La tradición de usar humo blanco y negro comenzó en 1878, durante el cónclave que eligió al papa León XIII, y se estandarizó en 1903 bajo el pontificado de Pío X. Desde entonces, al final de cada jornada de votaciones, las papeletas son quemadas. Para diferenciar entre una votación sin resultado (humo negro) y la elección de un papa (humo blanco), se usa paja húmeda para generar el humo oscuro, mientras que solo las papeletas secas producen el humo blanco.
Cuando un candidato obtiene la mayoría requerida, se genera la conocida fumata bianca. Las papeletas son quemadas con una mezcla de productos químicos —clorato de potasio, lactosa y colofonia (una resina natural extraída del pino amarillo)— que produce un humo blanco, denso y visible. Desde 2005, además del humo, suenan también las campanas de San Pedro para evitar cualquier confusión.
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