Cuatro días después de los devastadores terremotos que sacudieron Venezuela, cientos de familias continúan viviendo en campamentos improvisados en el estado La Guaira, una de las regiones más afectadas por la emergencia. Sin acceso a refugios adecuados, muchos sobreviven bajo carpas y lonas instaladas en estacionamientos y espacios abiertos.
Uno de estos campamentos funciona en el estacionamiento de una farmacia en Catia La Mar, donde cientos de damnificados comparten apenas dos baños facilitados por el establecimiento. Los propios afectados se organizan para mantenerlos en funcionamiento ante la falta de infraestructura sanitaria.
ÚNETE A NUESTRO GRUPO DE WHATSAPP PARA ESTAR INFORMADO
El asentamiento surgió de manera espontánea pocas horas después de los sismos del 24 de junio, cuando decenas de familias que perdieron sus viviendas buscaron un lugar seguro para resguardarse. Según cifras oficiales, más de 12.000 familias resultaron damnificadas por la tragedia.
Los sobrevivientes dependen principalmente de las donaciones de organizaciones y voluntarios para alimentarse. Quienes lograron rescatar sus cocinas entre los escombros preparan allí sus alimentos utilizando cilindros de gas que también han recibido como ayuda.
Las viviendas fueron reemplazadas por carpas improvisadas o sábanas extendidas entre vehículos y estructuras, utilizadas para protegerse del intenso sol, la humedad y los mosquitos que abundan en la zona costera.
Socorro Sánchez, una de las damnificadas, aseguró a EFE que hasta el momento no ha recibido asistencia oficial para ser reubicada.
«No ha llegado nadie del Gobierno a decirnos dónde podemos quedarnos. Quienes nos han ayudado han sido otros venezolanos. Nosotros mismos estamos sobreviviendo y luchando. Nos sentimos abandonados«, afirmó.
Sánchez recordó que esta es la segunda gran tragedia que enfrenta en La Guaira, tras sobrevivir al deslave de 1999.
«Agradezco estar viva, pero mi familia me dice que, después de todo lo que he vivido, debo irme de La Guaira», comentó.
Pese a haber perdido prácticamente todas sus pertenencias, muchos habitantes aseguran sentirse agradecidos por haber sobrevivido a una catástrofe que, según el balance oficial, dejó al menos 1.450 fallecidos y miles de heridos.
La falta de baños agrava la crisis
A pocos metros del primer campamento funciona otro refugio improvisado donde las condiciones sanitarias son aún más precarias.
Ante la ausencia de baños, los damnificados utilizan recipientes plásticos y bolsas para hacer sus necesidades, situación que ha generado malos olores y preocupación por posibles riesgos sanitarios.
Yajaira Alvarado, de 75 años de edad, pidió la instalación de baños portátiles para mejorar las condiciones de quienes permanecen en el lugar.
«Necesitamos al menos un baño. Ya no tenemos dónde hacer nuestras necesidades. Entendemos la magnitud de la tragedia, pero necesitamos esa ayuda», expresó.
Debido a la falta de duchas, Alvarado explicó que otras personas sostienen sábanas a su alrededor para darle privacidad mientras se baña con agua almacenada en recipientes, una práctica que muchas familias han debido adoptar.
ÚNETE A NUESTRO CANAL DE TELEGRAM PARA ESTAR INFORMADO
Además, lamentó que en el refugio no cuentan con cocinas para preparar alimentos. Aunque agradece las comidas entregadas por voluntarios, asegura que extraña poder cocinar y recuperar parte de la rutina que perdió tras el desastre.
Con Información de laconexionusa.com.-




