KQA.- Con solo 13 años de edad, Camila Isabella Ramírez Cartaya, una estudiante venezolana radicada en la Ciudad de Buenos Aires, fue reconocida como una de las mejores alumnas del sistema educativo porteño y elegida abanderada premiada por el Ministerio de Educación de CABA, un logro que llena de orgullo a su familia y a la comunidad migrante.
Camila cursa 7° grado en la Escuela N°23 del Distrito Escolar 13 y vive junto a sus padres y hermanos en el barrio de Floresta. Su historia académica está marcada por la dedicación, la disciplina y una sorprendente capacidad de adaptación desde que llegó a la Argentina en abril de 2018, proveniente de Caracas, en medio de la crisis social, económica e inseguridad que afectaba a Venezuela.
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Una adaptación rápida y un camino de esfuerzo
Su madre recordó que la integración de Camila al sistema escolar argentino fue inmediata. Aunque ingresó al jardín siendo la única niña venezolana del colegio, encontró docentes y compañeros que la recibieron con calidez. Desde salita de 5 comenzó a destacarse, enfrentando desafíos progresivos y mostrando un desempeño que, con el tiempo, la convertiría en referente del establecimiento.
Los padres describieron a su hija como una estudiante autónoma, constante y organizada. Sus materias favoritas son Matemáticas e Historia, que comparte con entusiasmo en casa. Además, participa en actividades extracurriculares como inglés en Oxford College, donde figura con frecuencia en el cuadro de honor como alumna destacada.
El día que supo que competiría por la beca CABA 2025
Según relató su familia, Camila se emocionó profundamente cuando la directora de su escuela la llamó frente a sus compañeros para anunciarle que había sido seleccionada para competir por la Beca CABA 2025. Para sus padres, ese momento fue “un orgullo inmenso” y la confirmación de que su hija estaba cosechando lo sembrado con años de esfuerzo.
“Es un logro innato en ella. Su fluidez, su constancia y su empeño siempre han sido espontáneos y voluntarios”, expresaron.

Disciplina, valores y apoyo familiar
La rutina de Camila combina la escuela por la mañana y tarde, clases de inglés día por medio y momentos de lectura y series como pasatiempos. Sus padres destacaron que la clave de su rendimiento es la disciplina, reforzada por un sólido apoyo familiar basado en valores como la honestidad, el respeto y la solidaridad. A ello se suma una valiosa frase de su abuela materna: “Estudia, que esa es la única herencia que te voy a dejar”
También reconocen que existen desafíos escolares, pero destacan que se superan con diálogo, acompañamiento y compromiso tanto en el hogar como en la institución.
Un reconocimiento celebrado por toda la comunidad
La familia aseguró que las felicitaciones han llegado desde todos los ámbitos: docentes, amigos, vecinos y parientes dentro y fuera del país. Muchos enviaron mensajes cargados de emoción y orgullo luego de conocer que Camila sería una de las estudiantes distinguidas oficialmente por la Ciudad.
“Es un honor ver que recibe este premio por su esfuerzo, su inteligencia y su constancia. Ha caminado a paso firme hacia la excelencia”, remarcaron.
Sueños, futuro y el valor de las oportunidades
Camila sueña con convertirse en veterinaria especializada en cardiología, una vocación que refleja su sensibilidad y amor por los animales.
Su familia sostiene que Argentina les abrió las puertas con generosidad, especialmente en el ámbito educativo, y anima a otros migrantes a aprovechar las oportunidades académicas y becas disponibles.

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“Argentina es un país de grandes oportunidades para los inmigrantes. La educación pública es de un nivel altísimo y permite alcanzar metas que quizás en otros contextos serían impensadas”, expresaron.
Un ejemplo de integración y excelencia
Con su logro, Camila Ramírez no solo representa a su escuela y a su familia, sino también a miles de niños migrantes que construyen su futuro en Argentina. Su historia es una muestra del impacto positivo de la integración y del valor transformador de la educación.




