Cada persona vive la sexualidad de forma distinta y, aunque solemos asociarla únicamente con lo físico, lo cierto es que el sexo comienza en el cerebro. El plano psíquico es fundamental en cualquier encuentro íntimo, ya que todo inicia con un pensamiento capaz de activar el deseo.
Los estímulos internos —como fantasías, sueños, recuerdos, pensamientos o factores hormonales— también cumplen un papel clave. Por eso, los especialistas destacan la importancia de la conexión entre mente y cuerpo: “El hecho de que exista una buena integración entre lo psíquico y lo corporal es un signo de salud mental”, explica la psicóloga española Mariela Martínez Ramos, miembro de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS).
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El concepto de neurosexo
En los últimos años se ha popularizado el término neurosexo. Aunque pueda sonar como una práctica novedosa, en realidad alude a algo que todos hacemos: utilizar estímulos mentales para alcanzar el placer sin necesidad de una estimulación genital directa.
La imaginación juega aquí un papel central. Fantasear, recrear escenas eróticas o dejarse llevar por pensamientos sexuales forman parte del neurosexo, que se sitúa en la frontera entre la mente y la conciencia corporal. El objetivo: alcanzar el clímax únicamente a través de la actividad mental.

¿Es posible tener un orgasmo mental?
Los llamados orgasmos mentales se incluyen dentro del neurosexo. Y aunque pueda parecer increíble, varios estudios señalan que es posible lograrlos. La clave está en que el cuerpo responde a lo que la mente proyecta, sin distinguir del todo entre fantasía y realidad.
Martínez lo ejemplifica con los ataques de ansiedad: “No son más que pensamientos anticipados de lo que podría pasar. Aunque la probabilidad de que ocurra sea mínima, la persona lo vive como real”. De igual manera, un estímulo mental erótico puede producir respuestas físicas intensas.
La coach sexual estadounidense Barbara Carrellas, pionera en estas prácticas, propone técnicas basadas en respiración y movimientos pélvicos suaves que, combinados con la concentración y las fantasías, pueden desencadenar sensaciones comparables a un orgasmo físico. “La mente puede disfrutarlo como si realmente estuviera sucediendo, activando las mismas áreas cerebrales que en un orgasmo convencional”, añade Martínez.
En definitiva, el deseo puede ser inducido tanto por estímulos externos —un aroma, unas palabras, una caricia— como por la propia imaginación. El neurosexo invita a explorar los límites de la mente como fuente de placer y a reconocer que el cerebro es, en muchos sentidos, el principal órgano sexual.
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Con Información de TN.-




