Honey no sólo es fuerte, es valiente y con una gran resiliencia. Hoy tiene 13 años de edad pero ocho atrás, sufrió un cáncer de riñón con metástasis en los pulmones, la cura sin dudas ha sido gracias al trabajo de sus padres y el equipo médico que la atendió pero en lo espiritual -es un milagro del Nazareno- a quien Néstor Rangel, padre de la joven, se aferraba a pedirle por la salud de su primogénita.
Corría el año 2017 cuando Honey tenía seis años de edad y comenzó con molestias, sus padres la llevaron a un centro médico de Maracay, estado Aragua, de donde son oriundos pero el terrible diagnóstico que les dieron los hizo viajar hasta Valencia en Carabobo, donde recibió una atención más avanzada.
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«»En el Hospital de Maracay nos dijeron que tenía 15 días de vida, que no había nada qué hacer. Le pedíamos a Dios a Jesucristo. Dios existe es muy real, nos mostró su poder en muchas oportunidades», rememora el padre de la niña.
«El doctor dijo que efectivamente la enfermedad estaba muy avanzada pero si podíamos, sólo que no habían medicinas en el país. En la Venezuela del 2017 era muy difícil todo pero lo logramos». El padre que no daba su brazo a torcer, el que buscaba la forma de que salvarle la vida a su hija, incluso la lucha no fue sólo ahí sino que salía a las calles a protestar con demás familiares y enfermos para pedir el acceso a medicamentos.
Nestor y su esposa, Eglys Sulbarán, harían todo por salvarle la vida hasta entonces, su única, hija. «Me tocó vender la casa para comprar todas las quimioterapias, después vender el carro y la operaron le sacaron el tumor y el riñón izquierdo». ya era un gran avance en la enfermedad y seguirían el tratamiento con quimio y radioterapias.

«Fue el mismo doctor quien nos habló del Hospital Garrahan y sin pensarlo nos vinimos a Argentina, aquí termino su tratamiento y superó la enfermedad todo fue un milagro de Dios».
Unos dos años de terror vivió esta familia que al llegar a Argentina no contaban con trabajo ni de dónde producir, así que contactaron a algunos influencers por redes sociales, entre ellos Marko y William Levy, quienes le dieron una ventana en sus redes para solicitar ayuda.
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«Mi esposa para el momento de la llegada estaba embarazada y yo pasaba días enteros en el hospital con Honey, no teníamos cómo mantenernos pero poco a poco todo fue fluyendo hasta que finalmente nos dieron la buena noticia que lo habíamos superado».
Estando en Buenos Aires, para el momento la cuenta de Junior García era una de las principales de los venezolanos en Argentina y él sin dudar, publicó y buscó ayuda para esta familia, es por eso que le están eternamente agradecidos.
Una Fundación para otros
En medio de toda la situación que pasaban aún tenían fuerzas para ayudar a otros y fue así como lograron que otra pequeña viajara a Argentina también para que lograra su tratamiento y en las redes sociales buscaban la forma de colaborar con más enfermos.
«Con todo esto nació la idea de crear una fundación pero por ahora no ha consolidado, sin embargo, estamos trabajando en todo eso para atender a niños con cáncer».
Hasta ahora han traído cuatro niños con cáncer hasta el Hospital Garraham donde los han atendido aunque lamentablemente una de las pequeñas falleció porque su enfermedad estaba muy avanzada.

Nueva vida llena de salud
Honey hoy día goza de salud, cada cierto tiempo va al Hospital para hacerse sus chequeos. Afortunadamente hace una vida normal, estudia segundo año de bachillerato y trabaja por lograr su sueño: ser médico, y es que, con todo lo que vivió, también quiere salvar vidas.
«Estudia en un colegio católico, va a clases, hace la siesta y las tareas como cualquier joven de su edad».
El Reencuentro con Marko
Tras conocerse que Marko vendría a Buenos Aires, Honey y sus padres se emocionaron mucho ya que, en 2018 cuando el comediante vino por primera vez, ella subió a la tarima, se conocieron personalmente, luego que él la había ayudado en reiteradas oportunidades por las redes sociales.
Recientemente, se reencontraron en Puerto Madero y Marko dejço rodar las lágrimas por sus mejillas por la emoción de ver sana a la pequeña gran Honey.




