En Miami, Estados Unidos, el aroma de masa de maíz recién hecha y rellenos caseros detiene el paso, despierta la nostalgia y provoca sonrisas. Así son Las Arepas de María, un emprendimiento que comenzó con un pequeño carrito y que hoy destaca en el mapa gastronómico de la ciudad. Fritas o asadas, con una carta tan libre como sabrosa —donde cada cliente arma su combinación soñada—, esta propuesta criolla ha conquistado paladares de todas las nacionalidades.
María creció en Caracas y, desde muy joven, supo que quería tener su propio negocio. Mientras estudiaba, se las ingeniaba para «matar tigritos» en fiestas infantiles y campamentos. Incluso viajaba a Estados Unidos durante sus vacaciones para trabajar.
“Deseaba ser emprendedora. No quería tener jefe, ni que otro controlara mi horario. Ojo, trabajo más ahora como empresaria, y más aún en este país donde no hay descanso, pero trabajo para mí. Desde la universidad, lo tenía muy claro”, afirmó.
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En medio de la crisis venezolana, María y su familia se vieron obligados a dejarlo todo. En junio de 2018 llegaron a Miami, donde fortaleció su visión y propósito. Porque aunque hacer arepas parezca fácil, destacarse no lo es, y María ya venía entrenada.
“Siempre fui la arepera oficial de mis amigas y mi familia. Si había un cumpleaños, yo hacía las arepas porque las mías eran las más ricas. En los viajes a la playa, esa era mi responsabilidad. Nadie más las tocaba”, recuerda con emoción.

Una arepa cargada de nostalgia
Así nació Las Arepas de María el 15 de noviembre de 2022. Comenzó con un carrito “chiquitico”, pero lleno de historia. Ese día sirvió su primera arepa como emprendedora y marcó el inicio de un camino cocinado a fuego lento: sin jefes, sin horarios impuestos, solo con mucho sabor criollo.
Sus clientes no buscan solo comida: llegan por un pedazo de hogar, por el consuelo de una madre o por el recuerdo de una infancia feliz. María lo sabe. “Eso es lo que me impulsa. Suena romántico, pero es lo que me hace estar ahí. Hago arepas caseras, no de arepera. Mi misión es devolverte a cuando eras niño, sentado en la mesa de tu mamá”.
La escena que la inspira viene del cine animado: “Quiero que cada mordisco sea como la escena de Ratatouille, cuando el crítico prueba el plato y vuelve a su infancia. Esa es mi misión: la nostalgia”. Y parece estar lográndola. “Muchas personas me lo dicen: ‘Tus arepas me devuelven a la infancia, a la arepa de mi abuela o de mi mamá’. Incluso, hay quienes se han puesto a llorar”.

Un menú sin reglas
La clave está en la autenticidad. En Las Arepas de María no hay reglas estrictas ni fórmulas cerradas. “Aquí no hay ninguna arepa prehecha. Cambié el sistema. Tengo más de 15 sabores y tú armas tu combinación como quieras”, explicó.
¿Quieres salchicha con pernil y jamón? Bienvenido. “No me gustan los parámetros. En el menú tengo ‘la pelúa’, pero no me gusta encasillar. Aquí mandas tú, lo que te provoca”.
Aunque hay una excepción: la colegiala, una mezcla de Cheez Whiz con queso blanco, guayanés o amarillo, que sabe a recreo en Caracas. “Esa arepa la inventé yo. Es la que me hacía mi mamá para ir al colegio”.

De un carrito al Doral Yard
Con el éxito sobre ruedas, María dio el siguiente paso: abrió un segundo punto en Doral Yard, una zona con fuerte presencia venezolana y mucho movimiento. “Ha tenido muy buena receptividad”, contó.
Su propuesta ha llegado más lejos que muchas campañas de marketing. Celebridades como Manuel Turizo, Gaby Espino, Isabella Ladera, Servando y Florentino, Micro TDH, Bárbara Ramírez y Beele han pasado por su puesto. “Todos se han sentido atraídos por el sabor sin artificios que ofrezco. No necesito promoción, solo boca a boca… o mejor dicho, mordisco a mordisco”.
María tiene una meta clara: “Quiero ser la embajadora de las arepas venezolanas a nivel internacional. Me honraría llevarlas al mundo, porque sé que lo puedo hacer”.

Detrás del sabor, mucho trabajo
Nada de esto ha sido fácil. Emprender fuera de casa trae retos que no aparecen en ningún manual. “Aquí hay reglas, permisos, impuestos. En Venezuela todo es más informal. Acá si no pagas los ‘taxes’, se te cae todo”, admite.
Aunque cuenta con el apoyo de su familia —su mamá comenzó haciendo los rellenos—, cada día parece una maratón. “No paro. Hago contactos, compras, redes sociales, respondo mensajes. Además, soy mamá y trabajo en publicidad para otras empresas”.
Aun así, su deseo de crecer es su mayor motor. “Pronto buscaré asistentes, porque solo no se llega lejos. Acompañado se llega más”.

“Venezuela para mí es todo”
María no olvida de dónde viene. Y a quienes sueñan con emprender, les recomienda soltar etiquetas. “No digas ‘yo era abogado’. Eres una persona con talento, capaz de mucho más que ese título”.
Afirma que Estados Unidos es un país de oportunidades, si se lo mira con los ojos correctos. “Depende de la percepción: puedes verlo como esclavitud o como oportunidad”. Por eso insiste en no conformarse. “No te encasilles en un trabajo que no te valora. Date tu valor. Haz conexiones. Aquí el que hace las cosas bien, llega lejos”.
Con los pies firmes en Miami, su mirada también apunta a Caracas. Sueña con llevar Las Arepas de María a su ciudad natal. “Sería un boom, y la excusa perfecta para ir seguido”.

Pero más allá del negocio, es una forma de cerrar el ciclo. “No me fui por decisión propia. Emigré obligada. Tener un pie aquí y otro allá sería increíble”.
Quiere que su hijo conozca los llanos, corra bajo el mismo cielo que ella dejó atrás. “Venezuela para mí es todo. Tengo seis años sin ir. Me dan ganas de llorar. Caracas es mi lugar favorito: la vibra, el habla, el clima, las playas, mis amigas… es todo”.
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Con Información del apatilla.com.-




