El fenómeno de la migración infantil es mundial, pero si en el resto del mundo los niños representan el 13% de las personas en movimiento, en Latinoamérica y el Caribe son el doble (26 %), por una conjunción de causas como el cambio climático, la violencia callejera o la inestabilidad política.
Y es que según revela EFE, una cantidad récord de 40.000 niños ha cruzado en la primera mitad de 2023 la selva del Darién, entre Colombia y Panamá, en un movimiento migratorio que realizan solos o con sus familias, según explicó este jueves la organización Unicef.
La mitad de esos niños tenían menos de 5 años.
El informe, titulado «La cara cambiante de la emigración en Latinoamérica y el Caribe: una región como ninguna otra», fue presentado el pasado 7 de septiembre en Nueva York por Gary Conille, director regional de Unicef, quien añadió que también las cifras proporcionadas por Estados Unidos muestran este aumento de la migración infantil: 129.000 llegados en 2021, 155.000 en 2022 y 83.000 en siete meses de 2023.
Los países emisores de esta migración infantil son principalmente Venezuela, Haití y los centroamericanos, y en todos los casos se detecta una edad cada vez más temprana de estos niños migrantes: en los puntos fronterizos Colombia-Panamá, Chile-Perú y México-Guatemala, los menores de 11 años ya suponen entre el 69 y el 91 % de los niños en movimiento.
El informe destaca que la migración de país en país hasta llegar a Estados Unidos expone a los niños a numerosos peligros y situaciones traumáticas: riesgo de explotación sexual y tráfico -especialmente cuando son separados de sus madres- y explotación laboral, además de que están perdiendo meses enteros de escolarización o seguimiento médico.
Los riesgos no son meramente teóricos: solo en 2022, 92 niños murieron o desparecieron en algún punto de la ruta migratoria, sin contar los que cayeron enfermos o los que sufrieron desnutrición por el camino.
Con información de EFE




